Despolitización del narco. Un recorrido para entender los consumos culturales del narcotráfico y su cruce político

La maquinaria detrás de los cárteles se ve impulsada por políticos, abogados, contadores, militares y policías: sin la corrupción del aparato estatal, muchos no hubieran amasado el dinero ni logrado las hazañas que vocifera la música de corridos.

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Despolitización del narco. Un recorrido para entender los consumos culturales del narcotráfico y su cruce político

Desde la caída del Mencho hasta los agentes de la CIA muertos en la sierra de Chihuahua, los eventos recientes en México confirman que el narcotráfico no prospera a pesar del Estado, sino gracias a él. Un análisis sobre corrupción institucional, cultura aspiracional del crimen y la trampa meritocrática que recluta a la juventud marginada.


La violencia con saldo

En la madrugada del 22 de febrero de 2026, un operativo conjunto de las Fuerzas Armadas Mexicanas y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, alias el Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en una zona serrana del municipio de Tapalpa, en el estado de Jalisco, México. El operativo, denominado Operación Jalisco, desencadenó una ola de narcobloqueos, incendios de negocios y enfrentamientos armados que se extendió a 22 municipios jaliscienses y dejó un saldo que superó los 58 muertos y decenas de heridos en las jornadas posteriores. Los hechos recorrieron el mundo, los principales medios de comunicación mostraron la cara del Mencho por días, pero ninguno se preguntó, cómo pudo existir durante tantos años un criminal de semejante envergadura, bajo los ojos de un país que presume tener capacidades militares y de inteligencia suficientes para neutralizarlo cuando así lo decide.

Oswaldo Zavala, investigador y autor mexicano de "Los cárteles no existen" hace el ejercicio de pensar acerca de las organizaciones criminales como organizaciones que viven en la sombra de la corrupción de las instituciones y no como entes separados del estado y menos como células independientes, con la capacidad de fuego y poder para subyugar al Estado Mexicano.

El autor, propone colocar la problemática del narcotráfico dentro del marco de responsabilidad del estado, quien ha dejado completamente a merced y con conocimiento de causa a la población, criminalizando el consumo y señalando a los productos culturales como actividad permeada en todos los medios de comunicación.

Genaro García Luna aceptó sobornos millonarios del Cártel de Sinaloa mientras era funcionario en el Gobierno de México (Foto: DW / Le Figaro / Der Spiegel / Courrier International)
Estadistica realizada para la Universidad Autónoma de Nayarit, México. "Fascinación por el poder: consumo y apropiación de la narcocultura por jóvenes en contextos de narcotráfico". Gráfica 2 Gusto de los jóvenes por narco series (en número). Fuente: scielo.org.mx

Está “despolitización” que propone el autor, tiene sentido debido a que se dan eventos en donde actores políticos se han visto en actividades ilegales y acuerdos con los “cárteles”. No se busca la simplificación de un problema multifactorial, sino por el contrario cargar las responsabilidades a quien es aplicable. Por supuesto que los productos culturales en este caso, narco series y narco corridos impactan en el imaginario social y del cómo estos redundan en un pensamiento aspiracional.

Las personas siguen esta tendencia y que se suman a los carteles son entrenadas y reclutadas a la fuerza, en la mayoría de los casos de manera deficiente en comparación con el entrenamiento recibido por el estado mexicano, las fuerzas federales y estatales. Personas comunes que se vieron inmersas en el mundo de la narco violencia y otros que buscaron allí, influencia y aspiraciones a una mejora en la calidad de vida o simplemente un camino fuera de las normas sociales en donde "el dinero abunda". Esa aspiración, sin embargo, choca rápidamente con la lógica interna de la organización criminal.

Porque al ser este mundo solo un reflejo del capitalismo libertario, pocas son las oportunidades para quien busca erguirse del fango a la gloria.

Organizaciones sin cabeza

Imagen del Nemesio Oseguera Cervantes (Moncho). Fuente: insightdecrime.org

En la madrugada del 22 de febrero del 2026, un operativo coordinado de la policía federal mexicana objetivó la eliminación de uno de los capos más poderosos del crimen organizado en la actualidad. Nemesio Oseguera Cervantes, mejor conocido en todo México como el “Mencho”, líder del “Cártel” Jalisco Nueva Generación, la célula más grande y poderosa de la región occidental del país. Una vez abatido el capo, la célula (ya)  sin cabeza (ni)  liderazgo, comenzaron los atentados y “narco” bloqueos en varios zonas del estado de Jalisco, principalmente en la capital, Guadalajara: vías detenidas, caos generalizado y destrucción de tiendas de conveniencia y enfrentamientos armados abiertos contra el aparato policial. El saldo fue blando a pesar de la cantidad de negocios incendiados y de los bloqueos violentos a los que la ciudad ya esta acostumbrada, la cara visible de la violencia; la población civil como rehén tanto de las corporaciones policíacas como del sicariato que perpetúan la violencia en el país.

Es aquí donde la pregunta de Oswaldo Zavala cobra relevancia: “¿cómo una serie de personajes con mínimo formación académica, en ocasiones sin haber alcanzado la educación mínima básica, pueden paralizar un país considerado potencia regional y una de las economías más grandes de América latina?”. La respuesta no es sencilla. Es cierto que las bajas esferas de los cárteles suelen estar pobladas por seres con bajo nivel académico, pero reducir el fenómeno del narcotráfico y las células a ese estrato es cometer el mismo error que la pregunta insinúa: confundir la cara visible de la organización con su arquitectura real, la que no toma decisiones de forma autónoma, ni sale en los noticieros. Los “altos mandos” que sostienen la estructura.


Intentando conocer la maquinaria del marco. Instituciones extranjeras como benefactores y beneficiarias de la violencia


No son pocos los actores de estos entramados, ejemplo de ello es Genaro García Luna, el ex Secretario de Seguridad Pública durante el sexenio de Felipe Calderón, preso en Estados Unidos acusado aceptar sobornos por parte del Cártel de Sinaloa (contaba con un sobrenombre dentro del mundo narco). El acusado cuenta con estudios superiores en ingeniería por parte de la (UAM) Universidad Autónoma Mexicana y prestó servicios para el (CISEN) Centro de Investigación y Seguridad Nacional, principal agencia de inteligencia civil de México, objeto de fuertes críticas políticas debido a denuncias de espionaje a periodistas, empresarios y figuras de la oposición. La organización mexicana fue clausurada en el año 2018 y sustituido por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Este ha sido solo uno de los muchos personajes de la función pública que trabaja con organizaciones criminales.

Por lo que es necesario hablar de corrupción y del papel que el Estado desempeña en cuanto a la existencia y el desarrollo de actividades delictivas.

Fuente: laopiniondemexico.mx

Uno de los grupos más violentos de la historia del crimen organizado en México fueron los Zetas, una facción formada a finales de los noventa por desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano (GAFES). Está célula contaba con expertos militares que, durante su etapa militar activa, recibieron entrenamiento de la CIA y El Mossad en sus filas. Mas tarde, el oficial Arturo Guzmán Decena, conocido como Z-1, reclutó a exintegrantes del GAFE para formar el brazo armado del Cártel del Golfo, un grupo de alrededor de 40 hombres que se caracterizó por el uso de armas y equipamiento de comunicación de alta tecnología. La organización no mostró distinción entre combatientes y civiles dentro de sus zonas de extorsión, y esa brutalidad calculada fue precisamente el producto de una formación militar que el Estado mexicano había financiado y que luego no pudo retener. Nunca mostraron clemencia y piedad por nadie que estuviera dentro de su campo de extorsión.

Esa misma lógica, la del conocimiento institucional que migra al crimen, reapareció el 20 de abril del 2026 después de un operativo anti narco en Chihuahua. Un convoy que aparecía para desmantelar laboratorios clandestinos de metanfetaminas, perdió el control y cayo en un barranco con cuatro muertos: el director de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua, su escolta, y dos agentes de la CIA . Dos agentes de la CIA fallecieron en un accidente en la sierra del nombrado estado mexicano. La operación se realizó únicamente con la autorización de la gobernadora sin el aparente conocimiento del gobierno federal.

María Eugenia Campos la actual gobernadora del estado mexicano de Chihuahua dejó en claro que los gobernadores cumplen los designios de la inteligencia norteamericana. Estas acciones permiten ver la manera en que los gobiernos estatales se ven inmiscuidos tanto en los negocios de los extranjeros como de las organizaciones criminales,  no tienen sometido al estado, que sino que el propio estado permite la violencia y el tráfico de armas y drogas.

Obtener información clave del territorio nacional por inteligencia extrajera es problemático y la constitución mexicana lo explica en el artículo 33:

“El Ejecutivo de la Unión, previa audiencia, podrá expulsar del territorio nacional a personas extranjeras con fundamento en la ley, la cual regulará el procedimiento administrativo, así como el lugar y tiempo que dure la detención.

Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

Screenshot de CIA Chief of Station Mexico City, “OPERATIONAL/LIANCHOR Progress Report for December 1967 - May 1968,” Secret, June 3, 1968. Fuente: nsarchive
Otros documentos se refieren a una operación de la CIA en México para reclutar de manera encubierta –o sea, sin conocimiento de los “reclutados”– a escritores e intelectuales que bajo los auspicios de un servicio de prensa de izquierda, elaboraran artículos que serían distribuidos a varios países latinoamericanos, a través de lo cual la agencia podía rastrear las opiniones regionales en torno al comunismo. Un documento evaluando esta operación denominada LIANCHOR entre diciembre de 1967 y mayo de 1968 revela una lista de algunos de los participantes involuntarios –o sea, que no estaban enterados– incluyendo nombres notables como Ricardo Garibay, Manuel Carballido, Alicia Reyes, Francisco Zendejas, entre otros

Sin embargo, sombras como la del mercenario Yair Klein, un ex militar israelí que ha prestado servicio de entrenamiento a paramilitares en la década del ochenta en México continua alimentando fantasmas. Su vinculación con el Cártel Jalisco Nueva Generación en los 80s con conocimiento de Álvaro Uribe, volvió a generar hace poco discusión en forma de tweet. Otra ejemplo indirecto de como los conocimientos de la milicia israelí terminan en el terreno de la violencia nacional.

No solo es que paramilitares Colombianos y Guatemaltecos participen en el narco mexicanos, estos también han enseñado las técnicas de desaparición de cadáveres y tortura que suelen utilizar agencias estadounidenses e israelíes.

Por otra parte, se conoce que Francisco Labastida Ochoa, (economista y político mexicano, candidato a la presidencia de México por el PRI en las elecciones federales de 2000), contrató a agentes del Mossad con el objetivo de “realizar diagnóstico acerca de la manera en que operan los cárteles en el país”. Dando entrada oficial a la inteligencia israelí en cuanto a la manera en que las células delincuenciales trabajan y se organizan.

Pronto las armas largas se encontraron dentro de los cárteles. Y mientras los funcionarios vendían la imagen de preocupados” por la seguridad del estado abatido por la entrada de instituciones extranjeras que promueven una violación a la soberanía", y la “desprotección del propio estado sometido por el narco", por otro lado se potenciaban a partir de diversas corporaciones.

El dinero, influencia y poder que se mueve detrás de las actividades ilícitas de estas organizaciones es basto y permea de forma directa la esfera política, y si bien, el contrabando de sustancias es la parte más conocida de las actividades de las organizaciones criminales, estas diversifican sus ingresos, desde la trata de personas, contrabando de productos, extorsión, invasión de terrenos, incluso, el campo se encuentra en manos de estos grupos criminales; campos de limón y aguacate en zonas rurales del occidente mexicano al amparo de sicarios en complicidad con las policías y políticos locales. 

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Como plantea Oswaldo Zavala, el problema es multifactorial y multi institucional. El problema del tráfico de drogas, la distribución y la violencia derivada de las actividades ilícitas se le carga de forma directa a la población civil y solamente al consumo de productos culturales que referencia y enaltecen al narcotráfico.

Sin embargo, una vez que se ahonda en las estructuras de las organizaciones, no son solo personas de bajos recursos y capitales culturales bajos los que engrosan las filas, también contribuye la inteligencia extranjera como la CIA y la DEA.

Porque los cárteles ya no solo manejan drogas, trabajan el contrabando de cualquier actividad ilícita que deje grandes dividendos y manejar esos volúmenes de dinero, y su blanqueo, no es posible hacerlo desde la mera clandestinidad.

A esto le sumamos la inestabilidad del país, la venta de armas, el despojo de tierras y la venta de personas: los negocios más lucrativos que existen en el planeta. Por lo que es necesario cuestionar quiénes son los que están detrás, derramando la sangre del pueblo marginado, obteniendo beneficios de mantener a las clases trabajadoras en la miseria, quienes en muchas ocasiones, sin mucha justificación pero con ciertas razones, ven en el negocio ilegal la forma de obtener un ingreso económico que les permita vivir mejor.