Feria Bohemia de Montevideo, la fiesta plasticosa que convirtió la nostalgia en comunidad
Una charla con el fundador de la Feria Bohemia sobre por qué, mientras todo se digitaliza, cada vez más gente quiere volver a tocar un cartucho de Sega
Hablamos con Ignacio Episcopo, fundador de la Feria Bohemia, sobre coleccionismo, curaduría, el salto de las redes y por qué, en plena era de la IA generativa miles de personas siguen eligiendo soplar un cartucho de Sega antes que coleccionar un archivo.

Hace apenas un par de años, lo que hoy convoca a más de mil personas en cada edición era una mesa repleta de cosas viejas y un puñado de coleccionistas que se conocían entre todos. Hoy la Feria Bohemia logró romper esa burbuja y pasó de una juntada de nicho a un evento familiar, con arcades, torneos y stands de marcas, sin perder la esencia que la hizo crecer. Hablamos con Ignacio Episcopo sobre cómo se construye ese equilibrio entre mercado, autenticidad y comunidad, y sobre qué lugar le queda a lo analógico en medio de la aceleración digital.
A quienes te leen por primera vez sobre la experiencia de Feria Bohemia, ¿cómo y dónde surgió la idea?
La idea surge cuando yo, como coleccionista, iba a eventos acá y después iba a eventos de otros países, y entendía que en otros países le daban otra mística a este tipo de reuniones de comunidad, de coleccionismo, más tipo celebración. Acá era más sobrio: mesas, mostramos lo que tenemos para vender, un punto más comercial. No tenía un entorno armado para que sea más una celebración, una "misa plasticosa", como le decimos nosotros.
Ahí es cuando se me ocurre fusionar la venta de coleccionismo —mesas repletas de artículos vintage, retro, videojuegos, juguetes, álbumes de figuritas, cómics, vinilos, VHS, todo lo que se te ocurra de los años 80 y 90— con un salón de arcade: poner arcades, consolas con TV de tubo de época, armar torneos con premios, actividades, charlas, invitados. Darle un contexto mucho más de feria, de celebración, de comunidad viva, y no solamente un evento para ir a comprar un artículo, porque eso quedaba muy de nicho.
Quería hacer algo más fiesta, para que se acerque la familia, el curioso; para que los padres le puedan contar a sus hijos las cosas con las que jugaban, para que la familia acompañe al coleccionista que va a comprar, y para que la gente navegue un poco en ese mar de la nostalgia que tanto nos gusta a los uruguayos.
Así como Emilio González habla de 4 tipos de jugadores de play, ¿se puede hablar de "tipos de coleccionistas" que vienen a la feria?
Sí, se pueden categorizar. Creo que el que colecciona tiene un gran enganche emocional con lo que colecciona —arraigado a algo que tuvo en la niñez y que recupera en la adultez—. Distingo tres categorías. Primero, los completistas: quieren coleccionar una línea entera —Nintendo, Tortugas Ninja, Mortal Kombat— y sentir la satisfacción de haberla completado.
Segundo, el atesorador: colecciona objetos de líneas distintas, más tipo popurrí, porque lo que busca es disfrutar la experiencia del coleccionismo —jugar las consolas, armar una repisa con sus coleccionables—.
Tercero, el que entiendo que con más de tres artículos iguales ya está coleccionando, pero no busca completar una línea sino tener dos, tres o cuatro piezas de su infancia que le retrotraen a un afecto especial.
Después hay otras más específicas, como los que coleccionan solo variantes o piezas raras —con defectos de fabricación que las hacen únicas en el mundo— y van por ese lado.
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El fenómeno que mueve a la Feria Bohemia no es local: en toda la región, el coleccionismo de objetos retro —videojuegos, consolas, juguetes, cómics— vive un repunte sostenido en los últimos años. En Argentina la referencia regional más antigua esta en El Parque Rivadavia, barrio de Caballito (Buenos Aires), se la considera la feria de coleccionistas más vieja de Sudamérica: nació en 1943 alrededor de un ombú, como punto de encuentro de filatelistas, y hoy —más de 80 años después— sigue funcionando todos los domingos, sumando con el tiempo numismática, juguetes, vinilos, cómics, figuritas y trading cards. ||
¿Cómo funciona la curaduría de una pieza? ¿Qué tiene una pieza original de los 80 que un llavero o una taza sublimada con la misma estética no puede replicar?
Empieza por encontrarla. Eso es lo más importante, sobre todo en el mundo retro: es un mundo finito, de tirada limitada —cosas hechas hace 30, 40, 50 años—, no hay una fabricación que te permita encontrar una pieza y que enseguida aparezca otra.
Después viene informarse. Pueden aparecer piezas que no tienen tanta información en el mercado, son más raras. Ahí empieza un trabajo de aprendizaje e investigación: de qué línea es, dónde se fabricó, darle contexto.
Y después, como pasa con piezas de 30, 40 o 50 años, siempre hay un trabajo de reparación, limpieza y a veces restauración. Nosotros no somos muy afines a repintar las piezas ni a meter mucha mano de obra, porque valoramos lo original y el paso del tiempo —valoramos también ese desgaste de "juguete jugado"—. Pero en algunos casos hace falta arreglar una rotura mayor. Con los videojuegos pasa algo similar: hay que abrirlos, limpiarlos, todo un proceso para que funcionen bien.
Después de todo ese trabajo, empezás a determinar qué valor tiene la pieza. Si es una línea muy conocida, de fabricación grande, va a tener un valor normal porque es accesible. Pero hay piezas que valen más por su rareza o por su variante. Casi siempre lo que se fabricó acá tiene más valor en el extranjero —Europa, Estados Unidos— y lo que se fabricó afuera tiene más valor para nosotros.
El salto de Instagram y los medios

¿Qué podés contar respecto a la renovación y crecimiento del público en estos años?
Las redes ayudaron mucho a salir de nicho, a salir del núcleo del coleccionismo y llegar a mucha más gente. Enganchamos a gente que no coleccionaba y se hizo coleccionista, o a curiosos y nostálgicos a los que les gusta el contenido que hacemos. La globalización de las redes nos llevó a lugares impensados: la Feria Bohemia recibe visitas de gente de Argentina, Brasil, Perú. Traspasamos fronteras, y eso lo vemos en las redes.
Creo que fue eso: ser originales, ser auténticos, estar siempre haciendo cosas nuevas que salen bien después de prueba y error, y aprovechar la amplificación que dan las redes, que puede llegar a muchísima gente.
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El perfil del comprador si se ve de cerca se repite en distintos países: mayoritariamente hombres de entre 30 y 50 años que de chicos jugaron a las consolas de los 80 y 90 y hoy tienen el poder adquisitivo para recuperar esas piezas. En España, el sector calculó que la actividad ligada a los videojuegos generó más de 9.000 empleos directos y 23.000 indirectos durante 2020, con un crecimiento del 18% interanual ese año. A nivel global, esa demanda llevó a que copias selladas de juegos como "Super Mario Bros" alcanzaran cifras millonarias en subastas internacionales.||
Con el crecimiento mediático, ¿la feria sigue siendo de ustedes, o ya empieza a pertenecerle a otra gente —prensa, marcas, el propio público?
La feria, desde el comienzo, siempre fue nuestra, de los expositores y de la comunidad. Son las tres patas de la mesa, porque una no puede vivir sin la otra.
Lo que sí crecimos muchísimo, marcadamente, desde la tercera edición hasta hoy, y aparecen las marcas, los sponsors, que también son parte del crecimiento. Eso implica más responsabilidad.
Otra cosa importante: desde el primer evento, el equipo organizador y los expositores que nos acompañan son básicamente los mismos, que fueron creciendo a medida que tuvimos más lugar. La base es siempre la misma, ya es como una familia. Damos la cara, humanizamos el evento. Eso termina siendo la esencia de la feria, lo más importante, y es difícil de alejarnos de eso.
Cyberpunk: lo analógico contra la aceleración digital

Vivimos rodeados de IA generativa, NFTs, todo lo que se puede coleccionar ahora es un archivo. ¿Por qué creés que justo en este momento la gente quiere tocar un cartucho de Sega en vez de coleccionar algo digital?
La gente no quiere más lo intangible, lo digital; quiere lo tangible: soplar un cartucho, una consola, un joystick. Todo pasa por lo tangible. La sociedad se digitalizó tanto y se alejó tanto de lo analógico, que arrancamos a extrañar lo analógico. Entonces lo traemos de vuelta y lo compartimos en un momento especial. Creo que viene por ahí.
¿Creés que en 10 años la nostalgia que se vende en la Feria Bohemia va a ser por los objetos de los 2020 —y esos sí van a ser digitales?
Creo que cada década va a tener sus propios artículos coleccionables. No creo que dentro de 10 años expongamos artículos digitales de colección. Creo que la gente que nació en los 2000 va a coleccionar fuerte las cosas con las que creció: CDs, Xbox, PlayStation 3, PlayStation 4.
Hoy el fuerte es Nintendo, Sega, los cartuchos, porque somos todos contemporáneos, en su mayoría cuarentones. Pero va a haber pibes que en 2036 tengan la edad que tenemos nosotros ahora, que nacieron en 2010 y vivieron los Play 2, Play 1. Aunque sea otro formato, más cerca de lo digital, van a ser igual de coleccionables.
¿Coleccionás cosas de ahora?
Coleccioné durante 12 años, muy fuerte, y después me dediqué más a lo comercial. Hoy todavía tengo alguna pieza como coleccionista: tengo la colección completa de las revistas de Superman desde el comienzo en español, y algunas piezas más en mi casa. Lo que más tengo son chiches, tengo un arcade en casa, tengo varias consolas. Hoy estoy más para la experiencia del gamer que para acumular piezas, pero sigo consiguiendo alguna, no como hace 10 años, que tenía cuartos enteros llenos.

Si tuvieras que elegir un objeto de la feria que resuma todo lo que estamos hablando —mercado, autenticidad, comunidad y resistencia a lo digital— ¿cuál sería?
Claramente es Capitán Planeta. Es la resistencia a lo digital, es lo tangible frente a lo intangible que se vuelve esencial también. Creo que es la resistencia: fue el primer "rebelde" que conocí en mi casa en los 90. Además, es la mascota de nuestra feria: la tratamos de tener en nuestro merchandising, en las remeras, en los flyers. Es nuestro ícono.
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'Capitán Planeta y los Planetarios (Captain Planet and the Planeteers) fue una serie animada estadounidense creada por Ted Turner y Barbara Pyle, que se emitió originalmente entre 1990 y 1992 (con una secuela hasta 1996). La idea era de Turner —el magnate detrás de CNN y TBS—, que buscaba un programa infantil sobre conciencia ambiental.||
¿Qué le dirías a alguien que nunca fue, no es coleccionista, y piensa que esto "no es para él"?
Si hay alguien que no es coleccionista, que ve un recap de la feria —todo el color, las consolas, los arcades, los juguetes, los videojuegos, la gente, los álbumes de figuritas, la gente intercambiando cosas, las actividades, los invitados— y después de ver todo eso dice que no es para él... le digo que sí, que tiene razón, que no es para él.
La séptima edición de la Feria Bohemia, el evento de expositores retro más grande de Uruguay, se llevará a cabo este sábado 27 y domingo 28 de 2026 de junio en el Hotel NH, ubicado en Ciudad Vieja