Copa del Mundo 2026: El mundial de lo que solíamos llamar fútbol

El Mundial 2026 arrancó el 11 de junio con 48 selecciones, tres países anfitriones y más partidos que nunca. También con entradas de siete mil dólares, un Premio de la Paz para Donald Trump y un show de medio tiempo donde Madonna, Shakira y BTS son las estrellas. El fútbol, en algún lugar por ahí.

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Copa del Mundo 2026: El mundial de lo que solíamos llamar fútbol

El Mundial 2026 arrancó el 11 de junio con 48 selecciones, tres países anfitriones y más partidos que nunca. También con entradas de siete mil dólares, un Premio de la Paz para Donald Trump y un show de medio tiempo donde Madonna, Shakira y BTS son las estrellas. El fútbol, en algún lugar por ahí.

Por Leandro Juarez


La 23.a edición de la Copa Mundial de la FIFA tendrá lugar desde el 11 de junio hasta el 19 de julio de 2026. Es el primer certamen organizado de forma conjunta por tres países: Canadá, México y Estados Unidos. Es la primera vez que en el torneo participarán 48 países, en lugar de los 32 de las ediciones anteriores, divididos en doce grupos de cuatro equipos cada uno. Se disputarán 104 partidos a lo largo de poco más de un mes de competición, a diferencia de los 64 partidos jugados en Qatar. Con este cambio, los planteles que avancen serán los dos mejores de cada grupo junto con los ocho mejores terceros. Gianni Infantino, mandamás de la FIFA, declaró que estos cambios históricos se realizaron con el objetivo de hacer que la Copa del Mundo sea un certamen más global, significativo e inclusivo. Esta es una manera de verlo. La otra forma, mucho más cruda y real, es que este evento ‘inclusivo y global’ está atravesado por escándalos económicos, tensiones migratorias y conflictos militares. Que empiecen los juegos.

Las controversias comenzaron en 2017 con el anuncio de que se ampliarían las plazas para participar, con lo cual se cuestionó si la calidad futbolística no iría en desmedro por la participación de equipos de menor nivel histórico. Teniendo en cuenta que Italia volvió a no dar la talla y Curazao sí, es debatible. Pero los partidos hay que jugarlos. Y este sería el menor de los males y el más tolerable si no hubiera problemas más reales. La organización decidió incorporar ‘tarifas dinámicas’ para las entradas, lo que hace que las localidades puedan ir desde los 214 dólares hasta los 7.256 dólares dependiendo de la importancia y de la demanda del partido. El precio varía constantemente y, pese a las promesas de la FIFA, el valor de 60 dólares por entrada fue casi imposible de conseguir para la mayoría de los aficionados. Por si esto fuera poco, la FIFA aún no ha logrado llenar sus luxury hospitalities para los 104 partidos a disputar. Según el medio inglés The Guardian, solo el encuentro entre México y Corea del Sur por el grupo A y un encuentro de la fase de octavos de final en el que se espera que participe España son los únicos encuentros para los que no hay entradas disponibles en la plataforma de hospitalidad de la FIFA. Debido a esta caída en las reservas, el organismo habitlitó una nueva categoría suite essentials para partidos menos relevantes que permite a los clientes comprar una entrada individual para una suite que antes se habría vendido a un grupo.

Imagen ilustrativa realizada con IA

La asociación independiente Football Supporters Europe (FSE) y Euroconsumers presentaron una denuncia formal ante la Comisión Europea en contra de la FIFA. De acuerdo con su sitio oficial, los miembros de la FSE alegan que la federación de fútbol se aprovecha de su posición monopólica para imponer precios abusivos y condiciones de compra injustas a los fans europeos, tanto en las localidades como en los traslados y estadías. La FIFA implementó un sistema dinámico de precios sin control ni transparencia. Lo único que han declarado es que los valores varían según la oferta y demanda. Según el sitio ticketdata.com, el equipo más caro de ver al día 4 de junio es México con un valor promedio de 1882 dólares. La página también informa que el valor aumentó un 3 por ciento en los últimos tres días. El top cinco lo completan en orden descendente Portugal, Brasil, Colombia y Escocia. El país más barato de ver es Irán con un costo promedio de 297 dólares la entrada. El partido más caro es la ya mencionada final del mundo en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. El segundo es Colombia vs Portugal en el Hard Rock Stadium de la ciudad de Miami con un valor de 2.700 dólares. El criterio es, en el mejor de los casos, algorítmico. Lo cierto es que calcular una estadía para ver una determinada cantidad de partidos se vuelve imposible, ya que depende de la variabilidad del mercado en algo tan simple como la oferta y la demanda. 

“Estados Unidos no quiere que la selección iraní se quede a pernoctar en su país. Nos preguntaron: ¿pueden pernoctar en México? Y dijimos, sí, sin problema. No tenemos ningún problema”, dijo la presidenta de México Claudia Sheinbaum en conferencia de prensa. En marzo, el presidente de U.S.A., Donald Trump, indicó que la selección persa estaba invitada a participar de la competencia, pero que les sugería que “por su propia vida y seguridad” no creía que fuera apropiado que se alojaran en el país, a pesar de que los partidos se disputen en suelo estadounidense. Se llegó tal extremo que Paolo Zapolli, representante especial de los Estados Unidos para alianzas globales (empresario nacido en Milán y cercano al círculo interno de Trump) elevó un planteo que debido a su historia, la selección de Italia debía reemplazar a Irán y ocupar la plaza mundialista. Es oportuno recordar que el conflicto Estados Unidos-Israel-Irán sigue escalando con la disputa sobre la soberanía del estrecho de Ormuz.  Uno creería que el fútbol no es más importante que las vidas humanas. Quizás depende del rincón geográfico de esas vidas humanas. 

JD Vance, Donald Trump y Gianni Infantino. | Chip Somodevilla/Getty Images

Con el fin de llevar tranquilidad a los aficionados al fútbol, la FIFA honró al presidente Donald Trump con el primer y único (hasta la fecha) Premio de la Paz FIFA, porque no le alcanzó que Corina Machado le regalara el suyo. Hay que tener en cuenta que su administración aprobó un presupuesto de 70 mil millones de dólares para la financiación de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU.) y la patrulla fronteriza. Cabe recordar que este grupo armado es uno de los más criticados por los abusos que comete en sus requisas violentas además de por la poca transparencia con la  que desarrolla sus actividades. En español simple: van con la cara tapada como un grupo paramilitar y si tenés otro color de piel que no sea blanco te detienen sin demasiada explicación. Con este panorama entre manos, el medio The Washington Post junto a la Universidad de Maryland realizaron una encuesta que arrojó que dos de cada tres ciudadanos se oponen a que ICE realice controles durante la Copa del Mundo. Los encuestados además apoyan la participación de la selección de Irán en la competición y que sus jugadores deberían poder quedarse en el país si temen la persecución del gobierno iraní. Para tranquilidad de todos, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, ha afirmado que ICE se centrará en cuestiones como los productos falsificados, la trata de personas, la coordinación de inteligencia y la delincuencia transnacional.

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Los Enhanced Games se celebraron el 24 de mayo de 2026 en Las Vegas prometiendo pulverizar récords con dopaje permitido. El resultado, un solo récord mundial y 6,6 millones en premios. La imagen del año, un atleta limpio ganándoles a todos los dopados y diciéndoles “tienen que hacerlo mejor que eso.

Volviendo al mundial, pero no al fútbol, por primera vez en casi cien años, la final de la copa del mundo tendrá un espectáculo de medio tiempo. Sí, hay muchas cosas que son “por primera vez” en esta ocasión. En un estilo Super Bowl-izado, Madonna, Shakira y BTS estarán a la cabeza de un show curado por el líder de Coldplay, Chris Martin. Recordemos que la final del mundial de Qatar 2022 rompió todos los récords de audiencia al alcanzar 1.500 millones de espectadores en todo el mundo. Con semejante antecedente, la organización aprovechó para transformar el evento deportivo más visto en el mundo, en un festival del pop. Pero también hay lugar para las buenas acciones. Según la página oficial de la organización Global Citizen, la función “apoyará al Fondo de Educación Global Citizen de la FIFA con el fin de recaudar 100 millones de dólares para ampliar el acceso a una educación de calidad y al fútbol para los niños de todo el mundo”. Es irónico si se tiene en cuenta que, a riesgo de ser redundante, el sitio ticketdata muestra que las entradas para la final están a más de siete mil dólares. Recordemos también que los precios son dinámicos, por lo que este precio puede subir si los contendientes llegan a ser países con una gran demanda según quien tiene el monopolio de las entradas, es decir, la FIFA. Esto plantea dos grandes contradicciones. La primera: mientras el hincha genuino se queda afuera por los valores exhorbitantes, las butacas se llenan de un público VIP que va a consumir un recital de entre 25 y 30 minutos. El partido de fútbol más importante del mundo pasa a ser el telonero de un espectáculo musical. La segunda y más grave, la FIFA utiliza una ONG que se define como “una plataforma de defensa dedicada a lograr el fin de la pobreza extrema” para justificar este espectáculo. En el medio, y aprovechando su masividad, recauda por derechos de transmisión, publicidad y sponsors. 

¿Y qué significa esta lluvia bendita de dinero para los países organizadores? ¿Quién se beneficia entonces? bueno, posiblemente, quienes cobran dividendos millonarios por publicidad en las pausas de hidratación, que comenzaron como una necesidad de los jugadores en climas calurosos y terminaron como una nueva forma de facturar. Recordemos que de esta gentrificación se benefician grandes cadenas hoteleras, de comidas rápidas, álbumes de figuritas, camisetas, gorritos y artículos de merchandising administrados y gestionados por los mismos de siempre para justificar la inversión en un deporte que exacerba las emociones. 

Aquí ya no rueda la pelota, ruedan los billetes. Y los espectadores perdemos por goleada.


Leandro Juarez es argentino. Estudiante de periodismo. Cinéfilo. Lector insoportable y fundamentalista de Star Wars.