La Amazonía en la elección brasileña
La Amazonía en la elección brasileña de Lula y Flavio Bolsonaro
Un análisis de The New York Times mostró el giro a la derecha de la región amazónica. Las propuestas de Lula y Flávio Bolsonaro, junto con el historial de cada gobierno, completaron el cuadro antes del balotaje.
The New York Times publicó el 18 de octubre de 2026 un análisis de Adam B. Ellick, jefe de su corresponsalía en Brasil, sobre cómo el Partido de los Trabajadores perdió apoyo en los nueve estados de la Amazonía brasileña. Según el diario, en 2010 el partido de Lula da Silva obtuvo cerca del 70% de los votos en la región, mientras que en la primera vuelta del 4 de octubre de 2026 el presidente reunió el 46%. El texto atribuyó ese giro a la falta de alternativas económicas para quienes perdieron ingresos con los operativos contra la deforestación .
El diario recordó que la Amazonía es la mayor selva tropical del planeta y que sus árboles almacenan más de 100.000 millones de toneladas de carbono. Los gobiernos de izquierda redujeron la tala con satélites que detectan desmontes en tiempo real y con agentes que decomisaron madera y ganado ilegales. La falla, según los expertos consultados, estuvo en lo que vino después: quienes perdieron su fuente de trabajo no recibieron apoyo para pasar a actividades como la agricultura sostenible.
Beto Veríssimo, cofundador de la organización Imazon, sostuvo ante el NYT que la prioridad fue mostrar una tasa de deforestación baja que agradara en el exterior. El caso de Novo Progresso, en el estado de Pará, ilustró ese proceso: el partido de Lula ganó allí con el 55% en 2010, y tras los operativos federales más del 84% de los votos de octubre fue para Flávio Bolsonaro.
El análisis también señaló oportunidades perdidas. Las empresas brasileñas gastan unos 800 millones de dólares al año en importar cacao y aceite de palma, cultivos que podrían crecer en tierras ya desmontadas. La castaña de Brasil, por ejemplo, se cosecha en el país, pero se procesa en Bolivia y Perú antes de llegar a Europa. La superficie deforestada de la Amazonía brasileña duplica el tamaño de California y buena parte está ociosa.
Dos gobiernos con diferentes resultados

El 16 de octubre, el INPE (Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales) informó que la deforestación en la Amazonía fue de 3.335 km² entre agosto de 2025 y julio de 2026, un 41,8% menos que en el período anterior y la cifra más baja desde 1988 . Frente a 2022, último año del gobierno de Jair Bolsonaro, la caída fue del 71% .
Durante la gestión de Jair Bolsonaro (2019–2022), la deforestación creció tras la eliminación de los programas de acción y control de la tala . CicloVivo calculó un aumento del 56,6% en ese período. En el actual gobierno de Lula se demarcaron 21 tierras indígenas y se destinaron R$ 19.700 millones a los organismos de fiscalización ambiental, según el balance de Agência Brasil.
Qué propone cada candidato para la Amazonía

Lula ratificó la meta de deforestación cero para 2030 y propuso destinar más tierras públicas a unidades de conservación y territorios indígenas y quilombolas. Flávio Bolsonaro fijó como objetivo eliminar solo la deforestación ilegal hasta 2029, con más monitoreo y fiscalización de delitos ambientales. También propuso dar autonomía a los pueblos indígenas y quilombolas para decidir actividades productivas en sus tierras .
Según Bloomberg, los aliados de Flávio Bolsonaro presionaron para abrir los territorios indígenas a la minería y la agricultura comercial, mientras que Lula prometió seguir con las demarcaciones. Los dos candidatos coincidieron en ampliar las energías renovables y la explotación de minerales críticos.
El Observatório do Clima, red de organizaciones ambientales, analizó los programas presentados ante la Justicia Electoral sobre 28 temas agrupados en ocho ejes, desde cambio climático y deforestación hasta pueblos tradicionales y minería. La red cruzó cada propuesta con la trayectoria política del candidato. El programa de Lula reunió 16 compromisos positivos y detallados; el de Flávio Bolsonaro, uno positivo y siete considerados antiambientales.
Solo el plan de Lula mencionó la meta climática de Brasil ante el Acuerdo de París, con acciones de adaptación y plazos. El de Flávio Bolsonaro no reconoció la existencia de una crisis climática.