4 novelas gráficas para vagos
Las cuatro crónicas de Guy Delisle sobre Jerusalén, Myanmar, Corea del Norte y China: novela gráfica, denuncia política y mirada antropológica en un solo autor canadiense.
Las cuatro crónicas de Guy Delisle sobre Jerusalén, Myanmar, Corea del Norte y China: novela gráfica, denuncia política y mirada antropológica en un solo autor canadiense.
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Para quienes gustan de las novelas gráficas y de interiorizarse en la situación internacional sin dejar de lado la denuncia política, las crónicas de Guy Delisle son la solución inmediata. Este autor y animador canadiense navega entre lo autobiográfico, lo histórico y lo antropológico con una precisión poco común en el género: sus libros no explican, muestran.
Dejamos para quienes se den maña con el francés las ediciones originales. Para el resto, estas cuatro publicaciones están disponibles en español y vale la pena conocerlas.

Crónicas de Jerusalén (2011) surgió tras el viaje de Delisle junto a su esposa —administrativa de Médicos Sin Fronteras— y sus dos hijos a la ciudad. Desde ahí, el autor recorre el nuevo contexto cultural mientras cubre la guerra en la frontera de Gaza. El resultado es una mirada lateral a un conflicto que los medios suelen aplanar.

Crónicas Birmanas (2008) lleva al lector a Myanmar, en el sudeste de Asia, donde más de cien grupos étnicos armados disputaban su autodeterminación en medio de una dictadura censuradora. Otra crónica sobre regímenes opresores, con el mismo tono contenido que caracteriza a Delisle.
Pyongyang: Un viaje en Corea del Norte (2003) es tal vez la obra de mayor repercusión de su carrera. Durante tres meses en la capital norcoreana, el protagonista —como el propio Delisle— trabaja para una compañía de animación mientras enfrenta las dificultades burocráticas de un estado policial y totalitario. Algunos la consideran el mejor documental que se haya hecho sobre Corea del Norte, gráfico o no.

Shenzhen (2000) cierra el recorrido. Apodada el Silicon Valley de China, la ciudad es documentada por Delisle cuando en 1997 fue empleado como intermediario entre una compañía de animación y un estudio local. El aburrimiento, las dificultades de ser un canadiense en China y la cultura del súperconsumo dan como resultado una crónica autobiográfica detallista y sin pretensiones.
Originalmente publicada el 28 de abril de 2022