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¿Las gestionamos o solo las alimentamos? Reflexiones sobre el orden cibernético

Las redes sociales prometieron emancipación. Hoy son infraestructura corporativa. Una reflexión desde el sur global sobre tecnopolítica, IA y los límites del activismo digital.
¿Las gestionamos o solo las alimentamos? Reflexiones sobre el orden cibernético

Cuando los movimientos sociales entraron a las redes, algo cambió. La pregunta es si seguimos dirigiendo la herramienta o si ya es la herramienta la que nos dirige a nosotros.

Publicado originalmente: 19 de junio de 2025 | Actualizado: 12 de marzo de 2026 Por Sergio Perugache | Tiempo de lectura estimado: 7 minutos

Hubo un momento en que las redes sociales parecían una apertura: espacios donde organizar, convocar, amplificar. Los movimientos sociales las adoptaron como herramientas de emancipación, y en buena medida lo fueron. Pero ese momento fue hace tiempo. Hoy la pregunta que cabe hacerse es otra: ¿qué sucede cuando el terreno digital deja de ser una opción táctica y se convierte en el único terreno disponible? ¿Qué pasa con la militancia cuando migra, casi por completo, a infraestructuras que no controla, que procesan sus datos, que gestionan su organización y que pertenecen, sin excepción, a corporaciones del norte global?

Este artículo no tiene respuestas cerradas. Tiene preguntas que urge hacerse.


El salto tecnológico y sus consecuencias

Las redes sociales sirvieron —y aún sirven— para unir fuerzas, articular propuestas, construir mecanismos de lucha y librar batallas culturales. Eso es real. Pero al mismo tiempo produjeron una sobreproducción de formas, informaciones y tendencias que fragmentaron las fuerzas organizadas. El resultado es, si se quiere, un desorden estructural: más conexión aparente, menos cohesión real.

En ese proceso, algo se fue perdiendo sin que nadie lo decidiera explícitamente: la calle. O más precisamente, la capacidad de organizar la presencia física sin depender de un ordenador o un teléfono para hacerlo. El activismo se fue desplazando hacia adentro de las plataformas. Y las plataformas, nunca hay que olvidarlo, no son neutras. Son corporaciones. Procesan datos. Gestionan información. Y en ese procesamiento, gestionan también —en alguna medida— la organización misma de quienes las usan para luchar contra el sistema que esas corporaciones sostienen.

¿Las gestionamos o solo las alimentamos?.


La soberanía comunicacional como urgencia

La soberanía comunicacional tendría que ser un pilar de cualquier movimiento social, de cualquier tendencia progresista militante. No un lujo ni un debate teórico: una condición de posibilidad para la acción política autónoma.

Lo que se observa, en cambio, es el reemplazo progresivo de los espacios asamblearios por reuniones virtuales donde la dinámica colectiva se transforma. No es lo mismo la asamblea de cuerpos en un mismo espacio que la videoconferencia de individuos aislados frente a sus pantallas. La primera produce calor, tensión, vínculo, decisión compartida. La segunda, cuando funciona bien, produce coordinación. No es lo mismo.

Y sin embargo, hay algo que las redes sí han permitido: acercar dolores que estaban lejos. La militancia fragmentada en Nuestra América puede, hoy, conectar con la urgencia de Palestina en tiempo real. Eso tiene un valor que no conviene desestimar. El problema no es la herramienta. El problema es quién la controla y en qué condiciones se usa.


La IA llegó, y no como regalo

La inteligencia artificial entró en escena sin que los movimientos sociales hayan terminado de procesar el impacto de las redes. Ya están inmersos en ella, la usen o no conscientemente.

Javier Toret, investigador en tecnopolítica de la Universitat Oberta de Catalunya, ha señalado que la IA carece, en un sentido estricto, tanto de inteligencia como de artificialidad tal como solemos entender esos términos 2. Lo que hay es una infraestructura colosal de procesamiento de datos, construida sobre trabajo humano —en buena parte del sur global— y orientada al enriquecimiento corporativo. La historia se repite, como diría David Harvey al hablar de acumulación por desposesión : el norte extrae, procesa y gestiona lo que el sur provee.

Agua, electricidad, minerales, trabajo humano precario: eso es lo que el sur global aporta a la infraestructura de la IA. Y el norte gestiona. De nuevo.

Frente a eso, la pregunta que plantea Toret no es si usar o no la IA, sino cómo pensarla desde los movimientos sociales: con autonomía territorial, con control propio de la narrativa, con infraestructuras mediáticas cooperativas, y con el uso táctico del terreno del adversario mientras sea posible hacerlo sin ser absorbidos por él .


Lo que no puede reemplazar ningún algoritmo

La capacidad inventiva, la creación, el vínculo afectivo entre compañeras y compañeros de lucha: eso es humano, y ningún sistema de procesamiento de datos lo replica. Esa es, quizás, la certeza más sólida desde la que pararse.

El desafío no es rechazar la tecnología sino no ser sus víctimas. No dejar que la gestión de los intereses colectivos quede en manos de corporaciones que persiguen dominar no solo los cuerpos sino las ideas y las acciones. Desarrollar estrategias propias, periféricas, que rompan la falsa neutralidad de las plataformas. Pensar una IA, si se quiere, desde la ancestralidad y otras cosmovisiones. Construir desde el sur global, no para él.

Las reglas del juego digital están hechas desde afuera de nuestras realidades pero con plena conciencia de nuestras riquezas. No queda otra que dar la vuelta de rosca: usar las herramientas del norte para desarrollar perspectivas propias de comunicación, interacción y organización. Sin perder el norte de la lucha. Sin olvidar que la inteligencia colectiva —esa sí— es nuestra.


Nota del editor

La versión original del texto atribuía a Jorge Luis Borges la frase "vivir en una época de grandes peligros y promesas es experimentar tanto la tragedia como la comedia, con la inminencia de una revelación para entendernos nosotros mismos y al mundo". Esta cita no ha podido verificarse en ninguna obra publicada de Borges. Circula en internet sin fuente primaria identificable. Se omitió del texto editado para no reproducir una atribución falsa.

Asimismo, el texto original presentaba como cita textual de Javier Toret una lista de cuatro estrategias de vinculación entre IA y movimientos sociales. Dicha formulación no aparece en ninguna publicación verificable de Toret; es más probable que se trate de una paráfrasis de sus ideas. Se reformuló en el cuerpo del texto señalando el carácter indirecto de la referencia.

Fuentes

  • La noción de "orden cibernético que alimentamos" remite al pensamiento del colectivo francés Tiqqun, desarrollado en La hipótesis cibernética (Acuarela Libros / Antonio Machado Libros, 2015). https://traficantes.net/libros/la-hipotesis-cibernetica
  • Javier Toret, investigador en tecnopolítica, IN3/Universitat Oberta de Catalunya. Sus planteos sobre IA y movimientos sociales pueden consultarse en tecnopolitica.net. https://tecnopolitica.net/es/autor/javier-toret 2
  • David Harvey, El nuevo imperialismo (Akal, 2004). El concepto de "acumulación por desposesión" articula la expansión capitalista mediante el despojo de bienes comunes y recursos de los países periféricos.